LA CONQUISTA

Entre los años 711 y 716, los musulmanes ocuparon gran parte de la Península Ibérica, excepción hecha de las zonas montañosas cántabras y pirenáicas. Pese a que la conquista contara con algunos episodios violentos, en términos generales, se llevó a cabo de una forma pacífica y sin que encontrara grandes resistencias. Por ejemplo, el establecimiento de los árabes en tierras levantinas, que empezó con el pacto de Abd al-Aziz ibn Mussa con Teodomiro, un representante del gobierno del rey visigodo de Toledo que cambiaba tierra por privilegios, de forma y manera que no hubo invasión, propiamente dicha, los árabes se fueron instalando en esas tierras de manera paulatina sin que se registrara batalla alguna.
La entrada de los musulmanes en la península se produce, concretamente, con el desembarco en Gibraltar (Yebel Tarik), el 27 de abril de 711, de Táriq Ibn Ziyad lugarteniente del Gobernador de Tánger Musa ibn Nusair, que lidera un ejército de 9.000 hombres. Poco después, el 19 de julio, los visigodos fueron derrotados y su rey, Roderico murió en la Batalla de Guadalete. La ocupación de la Península se lleva a cabo en cinco años.

EMIRATO DE CÓRDOBA

En el año 756 Abderramán I llega a Córdoba y establece una dinastía que gobernará Al-Andalus hasta 1031. El 773 Abderramán I establece el emirato de Córdoba independizándose política y administrativamente del Islam, aunque mantuvo, con el mismo, una unidad espiritual y moral. Pese a todo, el verdadero organizador del emirato independiente fue Abderramán II, que delegó los poderes en manos de los visires. La islamización fue muy rápida, el número de mozárabes (cristianos en territorio musulmán) se redujo considerablemente.



En el año 912, asciende al trono Abderramán III cuando ya la decadencia política del emirato era un hecho. Intentando acabar con las sublevaciones y conflictos, se proclama califa en 929 dando paso al califato de Córdoba.

CALIFATO DE CÓRDOBA

En el año 929, Abderramán III establece el Califato de Córdoba, declarando la independencia religiosa del califato abasida, de Bagdad. Esta proclamación del califato contenía un propósito doble: por un lado, en el interior: los Omeyas querían consolidar su posición; por otro, en el exterior: consolidar las rutas marítimas para el comercio en la Mediterránea, garantizando las relaciones económicas con Bizancio y asegurando la subadministración del oro.
Tras la ocupación de Melilla en 927, a mediados del siglo X, los omeyas controlaban el triángulo formado por Argelia, Siyimasa y el océano Atlántico. El poder del califato se extendía, asimismo, hacia el norte y en el 950 el Sacro Imperio Romano-Germánico intercambiaba embajadores con Córdoba.



Esta es la etapa política de mayor esplendor, en la península Ibérica, de la presencia islámica, aunque la misma durará poco tiempo ya que, en la práctica, su apogeo acaba en el 1010. Oficialmente, el califato continuó existiendo hasta el 1031, año en el que el califato fue abolido dando paso a la fragmentación del estado omeya que se transformó en diversos reinos conocidos como reinos de Taifas.
Estos reinos aparecieron como consecuencia de la fitna o guerra civil provocada por la posesión del trono entre los partidarios del último califa legítimo, Hisham II, y los sucesores de su primer ministro o hayb: Almanzor. En el trasfondo de todas estas luchas existían, también, los agobiantes problemas de la presión fiscal, necesaria para financiar los costos de las batallas bélicas. La división se reprodujo en diversas ocasiones dando lugar a la creación de otras taifas.
Las sucesivas invasiones provenientes desde el norte de África, como la de los almorávides (1090- 1102), las de los almohades (1145 – 1146) y las de los benimerines (1224) produjeron un debilitamiento progresivo de los reinos lo que provocó que, a mediados del siglo XIII, el al-Ándalus quedará reducido al reino nazarí de Granada.

LA RECONQUISTA

Entre los años 718 y 1230, se forman los principales núcleos cristianos en la península en los reinos de Castilla, Portugal, Navarra y la Corona de Aragón.
En el siglo XIII, los cristianos logran un gran avance al producirse la expansión aragonesa por el Mediterráneo así como la unión de Castilla con León.
La Reconquista finaliza en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos que la anexionarón a la Corona del Reino Castellano. En este mismo año se produce la expulsión de los judíos de España y posteriormente la expulsión de los moriscos y el descubrimiento de América.